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sábado, 30 de mayo de 2020

¿Por qué estás vivo? La urgencia de reinventarse


La sociedad global con sus casi obligadas tendencias de consumo y competencia se ha visto paralizada ante la aparición del COVID-19 sumiendo en la incertidumbre y el temor a millones de personas que, ante el cambio abrupto en las condiciones de vida, han quedado paralizadas, temerosas y en busca de respuestas que le den sentido a sus vidas. Aquí cobra validez que “no es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que mejor responde al cambio” 1. Y cuando la obligación y oportunidad de “cambiar” se presenta en forma inesperada y abrupta, el mejor camino es reinventarse.  Y quizá: reinventar la sociedad.

Las eternas preguntas de propósito

Las conocidas preguntas sobre la existencia, su propósito, su continuidad o su terminación han invadido la mente de las personas en todo momento de la historia y como respuestas han surgido teorías, mitos, y leyendas; algunos que provocan consuelo otros que provocan desazón.  Las respuestas generadas motivan comportamientos hacia la acción o hacia el estatismo, provocando vidas internamente enriquecidas con paz, alegría y satisfacción, o, vidas llenas de temor, angustia y descontento.  Las crisis, todas, como una moneda, tienen dos caras, una de devastación, y, otra, de oportunidad, pues ante la adversidad, con la actitud correcta, pueden surgir cambios positivos que permitan redireccionar y dar sentido a la vida al descubrir fortalezas, cualidades y competencias. 

El pesimismo es contagioso


Una sociedad conforma sus creencias y competencias basada en su diario vivir, en las experiencias de sus habitantes, en la historia que le ha dado forma.  El desarrollo humano contempla tres dimensiones que se traducen en seres humanos felices y resilientes: (1) vivir una vida larga y saludable; (2) tener educación formal y constante; y, (3) gozar de un nivel de vida digno.  A estos tres elementos se les debería sumar la observancia y promoción de los derechos humanos, el compromiso por la democracia y el respeto por la igualdad y equidad. Con estos elementos se conforman sociedades positivas, optimistas y capaces de hacer frente a emergencias, crisis y cambios, saliendo fortalecidas y con mejores opciones para definir, enfrentar y vivir bien el futuro.

Cuando el desarrollo humano es mínimo o inexistente como atestiguan millones de habitantes de países del Tercer Mundo, el pesimismo se vuelve algo cotidiano, mismo que se desarrolla en la mente individual y la mente colectiva de la sociedad debido a vivencias cotidianas de: falta de educación, sistemas precarios de salud, violencia generalizada, hambre, desnutrición, desempleo y corrupción.  Entonces sí, el pesimismo es contagioso.  El pesimismo se apodera de los pensamientos, provoca las emociones y dispara acciones negativas sin energía, sin pasión y sin esperanza.

La superación es posible

El pesimismo con su constante alimento social negativo es posible de erradicar en el individuo y en la sociedad. Se requiere de decisión, de compromiso, de constancia, de creatividad y de formación de nuevas creencias; características que todo ser humano puede desarrollar y cuya semilla se encuentra ya en el interior de cada uno, porque incluso en terribles circunstancias el ser humano tiene la libertad de reinventarse, de crear sus propios y nuevos mitos que dirijan su propia vida y la reconstrucción de una sociedad más justa, solidaria y equitativa.
Para reinventarse es necesario afrontar el cambio.  Para afrontar el cambio se debe estar empoderado con tres autoconocimientos vitales: (1) Quién soy, esto es evaluarse internamente, descubrir debilidades, creencias y limitantes, pero también es, descubrir capacidades, potencialidades.  Esto permite afrontar toda influencia externa que puede estar condicionando la forma en que se ve la vida y sus posibilidades, y, más importante, brinda la capacidad de liberarse de cualquier atadura que limita el propio desarrollo. (2) Cómo me reinvento, esto es verse construyendo un nuevo ser libre para trascender, definir qué se quiere hacer, visualizarse en movimiento por el mundo, cómo está y cómo debe estar.  Con este autoconocimiento se logra la voluntad para cambiar el mundo entero. (3) Actuar con sentido, que deviene de la seguridad, destreza, convicción y creencia logrados por los autoconocimientos descubiertos.

Cambiar junto a la comunidad

Reinventarse requiere un acto de soledad, una introspección de descubrimiento, una valoración de recursos propios y la creación de escenarios vitales individuales y para la comunidad en donde se vive. Sin embargo, al reinventarse, se debe incluir las relaciones interpersonales como esencia del cambio, porque como ya lo demostró la pandemia que se está viviendo, ante la ausencia de otros seres humanos con los cuales convivir, la propia humanidad se tambalea, se atemoriza y se deteriora.  El cambio es posible, la reinvención personal con proyección hacia una reinvención social con valores de solidaridad, respeto por la dignidad de todas y todos y con oportunidades igualitarias y equitativas está en las manos de cada uno, porque “al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas «la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino para decidir su propio camino”2. Ante la situación del COVID-19 que ya no puede cambiarse se debe aceptar con compromiso y determinación el desafío de cambiarse a sí mismo y reinventar la sociedad en que se vive.

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(1) Darwin, Charles. 1859. El origen de las especies
(2Frankl, Viktor. 1946. El hombre en busca de sentido

Artículo originalmente publicado en El Indagador el 3/4/2020 en:

sábado, 23 de mayo de 2020

¡Equípate! El cambio es inminente

Las dramáticas consecuencias del cambio climático


El cambio es inevitable e incluso es el acompañante constante del ser humano desde que nace y se enfrenta interna y externamente a las consecuencias que genera.  Los cambios más difíciles de comprender y ajustar son los inesperados y fuera del propio control: una recesión, una pandemia o un desastre mayor, por ejemplo. De la calidad del afrontamiento al cambio y la forma de reaccionar ante él dependerá como éste afecte la calidad de vida.  Cuando se comprende que “la diferencia entre un esclavo y un ciudadano es que el ciudadano puede preguntarse por su vida y cambiarla”1 entonces se vislumbra que, equipados con las herramientas adecuadas, el cambio puede resultar en un resorte de mejoramiento individual y social.
El momento del cambio es ahora
Por la comodidad y “seguridad” que representa la zona de confort en que se vive, cuando el cambio es inevitable, produce temor, resistencia e incluso paraliza física y mentalmente, produciendo estupor ante la situación que se vive.  La falta de control sobre la situación que exige cambiar produce incertidumbre hasta que nuevamente se toma el control, si no total, por lo menos en los aspectos que tienen que ver directamente con el desarrollo cotidiano de la vida.

El cambio exige transitar por tres etapas: (1) impacto, etapa altamente emocional, que se caracteriza por confusión, miedo y sentimiento de pérdida.  Aquí lo urgente es reconocer esas emociones y rescatar algo positivo de la situación; (2) elaboración, etapa de racionalización del cambio, identificación de capacidades para afrontar el cambio. Lo importante en esta etapa es recuperar el poder de decisión; y, (3) acción, que tiene que partir de las fortalezas propias, va de lo menos complejo a lo más complejo.
Para afrontar cualquier cambio, se tiene que hacer el ejercicio de conocerse, centrarse en lo que depende de sí mismo,  y ser conscientes de las creencias y actitudes hacia el cambio.  Si se ve el cambio como un problema, no se avanza.  Si por el contrario se le considera como un reto y un aprendizaje, todo el potencial humano se desbordará para superarlo, aprender y salir fortalecidos. 

La falta de preparación para el cambio

Muchas vidas son dañadas y destruidas al presentarse cambios que afectan su forma habitual de vida, debido a la ausencia de preparación para afrontar y superar los cambios que cada vez son más rápidos, constantes e inesperados La urgencia del cambio que se vive hoy demuestra la necesidad de incluir en los sistemas educativos formales, no formales e informales la construcción de competencias blandas que incluyan el afrontamiento, superación y aprovechamiento del cambio.  A continuación, se propone un modelo de gestión de cambios orientado a objetivos que guía el cambio individual y organizacional:
(1) Conciencia de la necesidad del cambio, significa abordar por qué se necesita un cambio ahora y explicar el riesgo de no cambiar. Para facilitar la creación de conciencia se necesita comunicación, acceso a información, una condición observable que impulsa el cambio.
(2) Deseo de cambiar.  Comprender la necesidad del cambio no es suficiente, ahora debe traducirse en motivadores individuales y colectivos para efectuar el cambio. ¿Qué se gana con cambiar?
(3) Conocimiento.  Hay dos tipos vitales de conocimiento para afrontar el cambio: el conocimiento sobre cómo cambiar (qué hacer durante la transición), y el conocimiento sobre cómo desempeñarse eficazmente en el estado futuro. Las formas de adquirir conocimiento incluyen: experiencias previas, competencias propias, educación, acceso a la información, mentoring, lectura, etc.
(4) Competencia.  Si bien alguien puede obtener el conocimiento sobre una nueva habilidad puede llevar mucho más tiempo para que este conocimiento se traduzca en capacidad en términos de rendimiento.  La clave aquí es practicar, practicar y practicar, medir los resultados, redirigir los esfuerzos, y, seguir practicando.
(5) Refuerzo. Hacer un cambio es difícil, pero mantenerlo puede ser aún más difícil. Es por eso que el refuerzo es un componente tan crítico de un cambio exitoso. Abarca los mecanismos y enfoques para que la nueva forma se mantenga en su lugar.

Y ¿si no se cambia?

El riesgo de no afrontar el cambio, especialmente cuando está motivado por situaciones extremas como una pandemia, se traduce en pérdidas económicas, sociales, de salud e incluso la pérdida de la vida.  Por el contrario, entre más rápido se asuma la responsabilidad de cambiar y adaptarse a las nuevas condiciones, se obtiene tranquilidad emocional, nuevas oportunidades, transformación personal y social, satisfacción por iniciar los procesos de cambio y ser el motivador para que otros sigan los pasos para mejorar sus vidas.
El cambio produce dolor.  El cambio nos obliga a transformar costumbres, creencias, hábitos, formas de pensar, formas de compartir, formas de trabajar, formas de estudiar, formas de relacionarse.  El cambio es un reto que exige disciplina, valor, determinación y constancia.  Es difícil, requiere trabajo y esfuerzo.  Sin embargo, recuerde que, “el destino no se puede cambiar; de lo contrario no sería destino. El hombre, sin embargo, sí que puede cambiar, de lo contrario ya no sería hombre»2. Así que decídase por asumir el reto del cambio. Reinvéntese. Inicie ahora mismo la construcción de un futuro en donde usted, su comunidad y el mundo entero gocen de paz, oportunidades y un desarrollo sostenible real, justo, equitativo e igualitario.
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(1) Gándara, Alejandro. Últimas noticias de nuestro mundo.
(2) Frankl, Viktor. 2016. Lo que no está escrito en mis libros.
Originalmente publicado en El Indagador el 18/4/2020 en: 


domingo, 30 de junio de 2013

Urge un cambio en la Educación: Entrevista a Claudio Naranjo, psiquiatra chileno

Cuando uno escucha a este psiquiatra chileno de 75 años da la sensación de estar frente al Jean-Jacques Rousseau de nuestro tiempo.
Cuenta que estaba bastante dormido hasta que en los años 60 se fue a vivir a EE.UU., allí fue discípulo de Fritz Perls, uno de los grandes terapeutas del siglo XX y formó parte del equipo del Instituto Esalen en California. Allí tuvo grandes experiencias en el mundo terapéutico y en el mundo espiritual. Contactó con el sufismo y se convirtió en uno de los introductores de Eneagrama en occidente. También bebió del budismo tibetano y el zen.
Claudio Naranjo
Claudio Naranjo ha dedicado su vida a la investigación y a la docencia en Universidades como Hardvard y Berkeley. Ha fundado el programa SAT, una integración de la terapia Gestalt, el Eneagrama y la Meditación para enriquecer la formación de profesores. En este momento está lanzando un aviso muy contundente: o cambiamos la educación o este mundo se va a pique.
-Dices que para cambiar el mundo hay que cambiar la educación ¿cuál es la problemática de la educación y cuál es tu propuesta?
-La problemática en la educación no es de ninguna manera la que a los educadores les parece que es. Creen que los estudiantes ya no quieren lo que se les ofrece. A la gente se le quiere forzar a una educación irrelevante y se defiende con trastornos de la atención, con desmotivación. Yo pienso que la educación no está al servicio de la evolución humana sino de la producción o más bien de la socialización. Esta educación sirve para domesticar a la gente de generación en generación para que sigan siendo unos corderitos manipulables por los medios de comunicación. Esto es socialmente un gran daño. Se quiere usar la educación como una manera de meter en la cabeza de la gente una manera de ver las cosas que le conviene al sistema, a la burocracia. Nuestra mayor necesidad es la de una educación para evolucionar, para que la gente sea lo que podría ser.
La crisis de la educación no es una crisis más entre las muchas crisis que tenemos, sino que la educación está en el centro del problema. El mundo está en una crisis profunda porque no tenemos una educación para la conciencia. Tenemos una educación que en cierto modo le está robando a la gente su conciencia, su tiempo y su vida.
El modelo de desarrollo económico de hoy ha eclipsado el desarrollo de la persona.
-¿Cómo sería una educación para que seamos seres completos?
-La educación enseña a la gente a pasar exámenes, no a pensar por si misma. En un examen no se mide la comprensión, se mide la capacidad de repetir. ¡Es ridículo, se pierde una cantidad tan grande de energía! En lugar de una educación para la información, se necesitaría una educación que se ocupe del aspecto emocional y una educación de la mente profunda. A mi me parece que estamos presos entre una alternativa idiota, que es la educación laica y una educación autoritaria que es la educación religiosa tradicional. Está bien separar Estado e Iglesia pero, por ejemplo en España, han echado por la borda el espíritu como si religión y espíritu fueran la misma cosa. Necesitamos que la educación atienda también a la mente profunda.
-¿Cuándo hablas de espiritualidad y de mente profunda a qué te refieres exactamente?
-Tiene que ver con la conciencia misma. Tiene que ver con aquella parte de la mente de la que depende el sentido de la vida. Se está educando a la gente sin ese sentido. Tampoco es la educación de valores porque la educación de valores es demasiado retórica e intelectual. Los valores deberían ser cultivados a través de un proceso de transformación de la persona y esta transformación está muy lejos de la educación actual.
La educación también tiene que incluir un aspecto terapéutico. Desarrollarse como persona no se puede separar del crecimiento emocional. Los jóvenes están muy dañados afectiva y emocionalmente por el hecho de que el mercado laboral se traga a los padres y ya no tienen disponibilidad para los hijos. Hay mucha carencia amorosa y muchos desequilibrios en los niños. No puede aprender intelectualmente una persona que está dañada emocionalmente.
Lo terapéutico tiene mucho que ver con devolverle a la persona la libertad, la espontaneidad y la capacidad de conocer sus propios deseos. El mundo civilizado es un mundo domesticado y la enseñanza y la crianza son instrumentos de esa domesticación. Tenemos una civilización enferma, los artistas se dieron cuenta hace mucho tiempo y ahora cada vez más los pensadores.
-A la educación parece solo interesarle desarrollar la parte racional de la gente ¿Qué otras cosas podrían desarrollarse?
-Yo pongo énfasis en que somos seres con tres cerebros: tenemos cabeza (cerebro intelectual), corazón (cerebro emocional) y tripas (cerebro visceral o instintivo). La civilización está íntimamente ligada por la toma de poder por el cerebro racional. Con el momento en que los hombres predominaron en el dominio político, unos 6000 años atrás, se instaura esto que llamamos civilización. Y no es solamente el dominio masculino ni el dominio de la razón sino también de la razón instrumental y práctica, que se asocia con la tecnología; es este predominio de la razón instrumental sobre el afecto y sobre la sabiduría instintiva lo que nos tiene tan empobrecidos. La plenitud la puede vivir sólo una persona que tiene sus tres cerebros en orden y coordinados. Desde mi punto de vista necesitamos una educación para seres tri-cerebrados. Una educación que se podría llamar holística o integral. Si vamos a educar a toda la persona, hemos de tener en cuenta que la persona no es solo razón.
Al sistema le conviene que uno no esté tanto en contacto consigo mismo ni que piense por sí mismo. Por mucho que se levante la bandera de la democracia, se le tiene mucho miedo a que la gente tenga voz y tenga conciencia.
La clase política no está dispuesta a apostar por la educación.
-La educación nos sumerge en un mar de conceptos que nos separan de la realidad y nos aprisiona en nuestra propia mente ¿Cómo se puede salir de esa prisión?

-Es una gran pregunta y es una pregunta necesaria en el mundo educacional. La idea de que lo conceptual sea una prisión requiere una cierta experiencia de que la vida es más que eso. Para uno que ya tiene el interés en salir de la prisión de lo intelectual, es muy importante la disciplina de detener la mente, la disciplina del silencio, como se practica en todas las tradiciones espirituales: cristianismo, budismo, yoga, chamanismo… Parar los diálogos internos en todas las tradiciones de desarrollo humano ha sido visto como algo muy importante. La persona necesita alimentarse de otra cosa que conceptos. La educación quiere encerrar a la persona en un lugar donde se la somete a una educación conceptual forzada, como si no hubiera otra cosa en la vida. Es muy importante, por ejemplo, la belleza. La capacidad de reverencia, de asombro, de veneración, de devoción. No tiene que ver necesariamente con una religión o con un sistema de creencias. Es una parte importante de la vida interior que se está perdiendo de la misma manera en que se están perdiendo los espacios bellos de la superficie de la Tierra, a medida que se construye y se urbaniza.
-Precisamente quería preguntarte tu opinión sobre la crisis ecológica que vivimos.
-Es una crisis muy evidente, es la amenaza más tangible de todas. Se puede prever fácilmente que con el calentamiento de la Tierra, con el envenenamiento de los océanos y otros desastres que están pasando, no vamos a poder sobrevivir tantas personas como las que somos ahora.
Estamos viviendo gracias al petróleo y consumimos más recursos de los que la tierra produce. Es una cuenta atrás. Cuando se nos acabe el combustible será un desastre para el mundo tecnológico que tenemos.
La gente a la que llamamos más primitiva como los indígenas tienen una forma de tratar a la naturaleza que no viene del sentido utilitario. En la ecología como en la economía y otras cosas, hemos querido prescindir de la conciencia y funcionar sólo con argumentos racionales y eso nos está llevando al desastre. La crisis ecológica sólo puede pararse con un cambio de corazón, verdadera transformación, que sólo la puede dar un proceso educativo. Por eso no tengo mucha fe ni en las terapias ni en las religiones. Solo una educación holística podría prevenir el deterioro de la mente y del planeta.
-¿Podríamos decir que has encontrado un equilibrio en tu vida a esas alturas?
-Yo diría que cada vez más, aunque no he terminado el viaje. Soy una persona que tiene mucha satisfacción, la satisfacción de estar ayudando al mundo en el que estoy. Vivo feliz, si se puede ser feliz en esa situación trágica en la que estamos todos.
-Desde tu experiencia, tu trayectoria y tu madurez, ¿cómo procesas el hecho de la muerte?
-En todas las tradiciones espirituales se aconseja vivir con la muerte al lado. Hay que hacerse a esa evidencia de que somos mortales y creo que el que toma la muerte en serio no será tan vano. No tienes tanto miedo a cosas pequeñas cuando hay una cosa grande de la cual preocuparte más. Yo creo que la muerte sólo puede superarla uno que en cierto modo muere antes de morir. Uno tiene que morir a la parte mortal, a la parte intrascendente. Los que tienen suficiente tiempo y vocación y que llegan suficientemente lejos en este viaje interior se encuentran tarde o temprano con su verdadero ser. Y ese ser interior o ese ser lo que uno es, es algo que no tiene tiempo y que le da a una persona una cierta paz o un sentido de invulnerabilidad. Estamos muy absortos en nuestra vida cotidiana, en nuestros pensamientos de alegría, tristeza, etc… No estamos en nosotros, no estamos atentos a quien somos. Para eso necesitamos estar muy en sintonía a nuestra experiencia del momento. Esta es la condición humana, estamos viviendo hacia el pasado y el futuro, el aspecto horizontal de nuestra vida. Pero poco atentos a la dimensión vertical de nuestra vida, el aspecto más alto y más profundo, eso es el espíritu y es nuestro ser y la llave para acceder es el aquí y ahora.
A veces vamos en busca del ser y a veces nos confundimos en la búsqueda de otras cosas menos importantes como la gloria
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Entrevista realizada por:  Alberto D. Fraile Oliver

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