sábado, 6 de julio de 2013

Los superhéroes expresan nuestras ansiedades como individuos y grupo social

Filósofo Eduardo Marisca
Una nueva película de Superman está en cartelera. Los superhéroes tienen décadas entre nosotros desde que aparecieron en los comics, pero después de tanto tiempo, ¿por qué sus historias nos siguen llamando la atención? El filósofo egresado de la PUCP, Eduardo Marisca y alumno de posgrado del Massachusetts Institute of Technology (MIT), menciona algunas de esas razones.


La figura de los superhéroes ha cambiado con el tiempo, ahora demuestran que pueden tener momentos de duda y de cuestionamiento, ¿por qué se da esta variante?

El cómic en general y la figura del super héroe en particular han madurado considerablemente. En los 70 los personajes de  Marvel empezaron a explorar temas sociales más “adultos”, que tenían más matices y posiciones. Creo que el punto de quiebre se da con el trabajo, entre otros, de Alan Moore en los 80, con el comic de Superman en su versión clásica (“Whatever Happened to the Man of Tomorrow?”) y de una nueva generación de super héroes más humanos, personalidades fallidas que cargan con el peso de sus habilidades. Todo esto pasó por varias razones. Primero, un medio que, con el tiempo, se fue sintiendo más cómodo consigo mismo y con las posibilidades de experimentar. Segundo, la desregulación generalizada de la era del presidente Ronald Reagan que llevó a que se levantaran muchas restricciones autoimpuestas en diversas industrias creativas. Tercero, la mayor competencia entre formas mediáticas que empujaba a los creadores a buscar nuevas alternativas para buscar a su público. Cuarto, un momento histórico de profunda reinterpretación: la Perestroika, la caída del muro de Berlín, la articulación de discursos globalizados, todos elementos que ponían en jaque las categorías usuales para entender el orden moral del mundo entre buenos y malos.

¿El relativismo moral se ha apoderado de las nuevas versiones de los superhéroes? ¿Cree que eso lo vuelve más humano?

Me parece mucho más realista que relativista. Los superhéroes de antaño prácticamente no tenían que lidiar con el hecho de que sus acciones tenían consecuencias: sus habilidades los ponían por encima del bien y del mal, más allá del escrutinio del público. En ese sentido eran legitimaciones del poder establecido. Hoy, en cambio, son puestos en circunstancias imposibles. La máxima introducida por Ben Parker, “con un gran poder viene una gran responsabilidad”, es la carga que llevan y que muchas veces hace tanto a personajes como a lectores cuestionar sus acciones. Un tema recurrente, que ha sido interesante para el público que los sigue, ha sido la manera como negocian la tensión entre las habilidades que tienen y su lado cotidiano, humano.

¿Por qué un superhéroe como en el caso de Superman, querría poder mimetizarse entre los humanos, como Clark Kent?

En Kill Bill, Quentin Tarantino incluye la idea de que Clark Kent es la manera comoSuperman percibe a la humanidad – débil, frágil, incapaz de estar a la altura de los acontecimientos. Creo que hay dos cosas: primero, desde el punto de vista de un ser con capacidades sobrehumanas, esta interpretación es razonable. Quizás una presentación más realista de un personaje de este tipo sería el Doctor Manhattan deWatchmen, quien siendo casi invencible, se vuelve incapaz de empatizar con los seres humanos al encontrarlos indistinguibles a nivel atómico del resto del universo. Pero lo otro es que Clark Kent es también un producto de escritores humanos, que apela a un cierto tipo de lector y de personalidad: en ese sentido, si como lectores humanos empatizamos más con Clark Kent, es porque tenemos ciertas fantasías humanas de descubrir que tenemos habilidades especiales y un propósito más alto en el mundo que el de la cotidianidad.

¿Por qué están legitimados de ser los protectores de la sociedad? ¿Solo por tener superpoderes?

La gran paradoja es que no están legitimados de ninguna manera. El gran ejemplo es Iron Man, quien no solo no está legitimado, sino que es producto de su propio ingenio tecnológico y capacidad económica. Si en este momento apareciera en el mundo real un individuo o un grupo de individuos que han invertido miles de millones en construirse exoesqueletos con inteligencia artificial para preservar la paz mundial, todos esperaríamos que estos individuos se sometan a la autoridad legítima. Iron Man no se somete nunca al orden legítimo, simplemente colabora con él en la medida en que estén alineados. La fantasía del superhéroe no es solamente que uno puede ejercer poder sobrehumano, sino además de que uno puede ejercerlo sin consecuencias –no de que uno rompa la ley, sino de que esté fuera de ella, de que no le afecte-. Los superhéroes hacen un ejercicio ilegítimo de la violencia para fines que aparecen como socialmente aceptables.

¿Por qué cree que los superhéroes vuelven a las pantallas y carteleras? En especial, superhéroes antiguos como Ironman, Capitán América, etc.

Es interesante que el mito de los superhéroes mantenga su vigencia, aunque a su vez es la reinterpretación de otras fantasías y mitos que han tenido diversas formas en diversas culturas. Los superhéroes, me parece, expresan diferentes ansiedades que tenemos como individuos y como grupo social ante circunstancias históricas, y por eso mismo requieren de constante reinterpretación y exploración: son como un laboratorio moral, una manera de ensayar posibles respuestas que tomaríamos frente a circunstancias extraordinarias. De allí que sean historias que se mantienen vigentes, y que reutilizar referentes del pasado tenga sentido porque están cargados de simbolismo, de significado y de emociones. Ahora, eso no se traduce por sí mismo en una buena historia, y el uso comercial de un superhéroe a menudo fracasa narrativamente porque apela a su lado menos interesante, a su lado simplemente bombástico y supernatural. Avengers fue un uso exitoso de la figura porque Joss Whedon supo recoger ambas cosas, una presentación explosiva que se entendía en el marco de personajes no sólo más complejos, sino que venían de desarrollar cada uno su propia línea narrativa.

* Entrevista tomada de PUCP
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viernes, 5 de julio de 2013

Aprendizaje Cooperativo: Sus 5 Elementos Primordiales


Para lograr el gran objetivo de transformarnos en  Ciudadanos Activos necesitamos adoptar un sistema de aprendizaje adecuado que nos traslade los conceptos, quehaceres, compromisos y actuaciones que debemos aprender, practicar y trasladar.  Hoy abordamos el tema del Aprendizaje Cooperativo, que es el que más nos apoya al logro del objetivo que nos ocupa.

Independientemente de si lo llamamos trabajo en equipo, trabajo en grupo, aprendizaje colaborativo o cooperativo, es importante aclarar que no nos referimos a cualquier situación en donde los ciudadanos tengan que trabajar juntos.  Si este trabajo conjunto solo implica la suma o agregación mecánica de elementos aislados elaborados individualmente, no se trata de aprendizaje realmente cooperativo.  Mucho menos si el trabajo recae solo en algunos de los integrantes del equipo.

También es importante que recordemos que para trabajar en forma cooperativa no es suficiente con plantear preguntas al grupo para que sean discutidas o con acomodar las mesas y sillas de forma diferente a la tradicional.  El trabajo cooperativo requiere al menos, de dos elementos:

- Que el facilitador delegue parte de su autoridad
- Que los participantes sientan que se necesitan unos a otros para cumplir con el objetivo de la tarea

El aprendizaje cooperativo es el que más ayuda a alcanzar los objetivos de la educación ciudadana, a través de su práctica se logra:

- Promover el pensamiento crítico
- Ayudar a clarificar ideas mediante discusiones y debates
- Favorecer el desarrollo de la comunicación oral
- Potenciar la habilidad de los participantes para ver situaciones desde la perspectiva de otros
- Favorecer el desarrollo de destrezas de interacción social y relaciones interpersonales
- Fomentar la comprensión de la diversidad
- Mejorar las estrategias de resolución de problemas
- Facilitar la implicación de los participantes en su propio aprendizaje y les permite tener mayor control sobre las tareas

Para que los equipos de trabajo funcionen como verdaderos grupos cooperativos se deben tener en cuenta los cinco grandes elementos de diseño del aprendizaje cooperativo:

1) Interdependencia Positiva

Los participantes tienen que depender unos de otros para alcanzar sus metas de aprendizaje, tienen que percibir que solo pueden lograr sus metas personales y grupales si los otros componentes del grupo también logran las suyas.

2) Responsabilidad Individual y Grupal

El grupo debe ser responsable por el logro de sus objetivos y los miembros deben ser responsables por cumplir con su parte del trabajo.  Se evalúa el desempeño grupal y también el individual; igualmente se informa al grupo de ambos elementos para que puedan determinar quién necesita más ayuda, apoyo y ánimo.

3) Interacción Positiva, preferiblemente Cara a Cara

Es necesario establecer relaciones interpersonales positivas, lo cual supone hacer que las relaciones estén basadas en el cuidado del otro.  Este elemento reconoce el factor emocional para el aprendizaje.

4) Habilidades Sociales

En la planificación se deben incluir momentos para enseñar las habilidades sociales que requiere el trabajo en equipo: tomar decisiones colectivas basadas en el consenso, negociar cuando se presentan desacuerdos, hacer críticas constructivas de las ideas (no de las personas), apoyar y valorar los esfuerzos de los compañeros, plantear el desacuerdo de manera asertiva y respetuosa.

5) Evaluación del proceso grupal

Un elemento indispensable es la reflexión colectiva respecto del funcionamiento y desempeño de los grupos de trabajo.  Es vital revisar las dificultades y el modo de mejorar el trabajo en equipo.


En todo esfuerzo que hagamos por trasladar los elementos de desarrollo ciudadano, apliquemos estos principios fundamentales del aprendizaje cooperativo para lograr avances significativos, comprometidos y altamente positivos.

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jueves, 4 de julio de 2013

Las 3 Visiones del Aprendizaje ¿Cuál Debemos Practicar en la Educación Ciudadana?


Tradicionalmente se ha puesto más atención al acto de enseñar que al de aprender.  En la educación ciudadana debemos ser conscientes en todo momento de qué van a hacer los ciudadanos, en qué tipo de experiencia de aprendizaje les vamos a proponer.

Podemos hablar de tres grandes visiones acerca de qué significa aprender:

1) Aprender consiste en ser enseñado.  Un proceso pasivo de adquisición de conocimientos, con resultados previsibles y medibles.  El conocimiento es algo que existe ahí afuera y que hay que meter en la cabeza de los aprendices, de manera que enseñar es equivalente a comunicar ideas y pensamientos y aprender equivale a escuchar o leer.  Es la visión dominante en nuestra sociedad y que sostiene en gran parte la manera en la que están concebidos nuestros sistemas educativos formales: disponemos de los compendios de conocimientos que hay que transmitir (currículo), las indicaciones básicas sobre cómo transmitirlos (didáctica) y con los exámenes verificamos su adquisición (evaluación).

2) Aprender consiste en generar sentido propio.  Un proceso activo que supone otorgar sentido al entorno a partir de experiencias y conocimientos anteriores, así como establecer metas futuras y visiones de uno mismo.  El conocimiento aquí no se concibe como algo externo y que precede a la mente de las personas, sino como algo que éstas elaboran de forma activa en interacción con el medio, a partir de la evidencia, la argumentación y la construcción personal.  Esta visión supone pasar el foco de atención del docente al estudiante: de la enseñanza al aprendizaje.

3) Aprender consiste en construir conocimiento haciendo cosas con otros.  Un proceso activo que implica generar nuevo conocimiento a partir de la colaboración y el diálogo con otras personas.  La premisa de la que parte esta visión es que el conocimiento se construye colectivamente en el contexto de interacciones sociales.  Se considera que el diálogo y la participación en actividades de carácter grupal o comunitario son los principales impulsores del aprendizaje.

¿Cuál es el enfoque de aprendizaje más efectivo?


Si se consideran las características de nuestra sociedad actual (el crecimiento exponencial del conocimiento, la multiplicidad de las fuentes que lo están produciendo, las ventajas competitivas de las personas que tienen la capacidad de producirlo, la importancia de las redes sociales para su producción, etc.), entonces es evidente que las metas deben estar más centradas en generar conocimiento con otros, más que adquirir conocimiento.  Entonces, el aprendizaje que parece ser más efectivo es el que implica:

- Una actividad de construcción, no de recepción
- Desarrollado con, o en el contexto de, otros
- Impulsado por la agencia del aprendiz
- El que involucra monitoreo y revisión de los procesos de aprendizaje

Si queremos promover un aprendizaje efectivo, nuestras prácticas de educación ciudadana tienen que favorecer el aprendizaje activo y el aprendizaje cooperativo. 


En próximos artículos estaremos definiendo estos tipos de aprendizaje que son fundamentales en nuestro desarrollo como ciudadanos activos.

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miércoles, 3 de julio de 2013

Las 7 competencias fundamentales para ser un ciudadano activo


Existen varios puntos de vista acerca de las destrezas básicas que involucra el ejercicio de la ciudadanía.  A pesar de que no todas parten de los mismos marcos de referencia, muchas coinciden en señalar áreas de competencia semejantes.  A continuación, describimos las fundamentales:

1. Conocerse y ser capaz de autorregularse

Comportarse de acuerdo con valores democráticos requiere poder tomar conciencia de los propios pensamientos, valores, sentimientos y acciones, y autorregularlos. 

2. Indagación y pensamiento sistémico

Esto implica saber localizar y analizar la información necesaria para tener opiniones fundamentales sobre aspectos esenciales de la realidad social.  Además, frente a la compleja realidad actual, es más importante que nunca poder pensar de manera sistémica: establecer relaciones entre situaciones, factores, causas y consecuencias.

3. Discernir y tomar decisiones con autonomía, considerando intereses personales y colectivos

La esencia de la ciudadanía consiste en poder conducir la propia vida con autonomía, dignidad y con provecho tanto para uno mismo como para los demás.  Para esto es fundamental la capacidad de discernir, visualizar posibles consecuencias de las acciones personales y grupales, así como actuar de acuerdo con criterios propios y fundados acerca de lo que resulta más valioso.

4. Dialogar y llegar a acuerdos

Los ciudadanos necesitan saber llegar a acuerdos y resolver los conflictos que forman parte de la convivencia.  Esto supone poder expresar las propias ideas y escuchar las ajenas, ponerse en el lugar de otro y comprender su punto de vista aunque sea diferente del propio, cambiar la propia visión si fuera necesario, al igual que integrar distintas perspectivas para lograr propuestas más justas y acertadas.

5. Participar y contribuir en asuntos públicos (en la comunidad, el país y el mundo)

Lo cual implica poder aportar a la resolución de problemas públicos y al buen funcionamiento de los procesos democráticos de diversas maneras: a) generando cambios en la política pública, a partir de los canales institucionales establecidos para hacer llegar demandas y propuestas ante las autoridades responsables; o b) desarrollando algún tipo de acción social encaminada a solucionar problemas públicos o a mejorar de algún modo la vida colectiva.

6. Comunicarse en distintos contextos y a través de distintos medios

El papel central de los procesos de comunicación en las democracias modernas hace imprescindible saber leer de manera crítica los medios de comunicación, así como usar distintos medios y canales para comunicar opiniones y propuestas.  Un elemento esencial que marca la comunicación en nuestros días es el uso de tecnologías digitales.


7. Pensar de manera crítica y creativa

Ante los grandes desafíos éticos que presenta la realidad del mundo, es fundamental desarrollar la capacidad de analizar de modo crítico los paradigmas vigentes, sobre todo los económicos y políticos; al igual que la capacidad para pensar alternativas a las dinámicas y las estructuras actuales, si es preciso fuera de esos paradigmas.

Las destrezas no se desarrollan de manera aislada: habilidades, conocimientos y actitudes se entremezclan en los aprendizajes.  

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martes, 2 de julio de 2013

¡Avanza! Hacia una Ciudadanía Activa


El ser ciudadano entraña la responsabilidad de convertirse en un ente consciente, informado, respetuoso y participativo de las condiciones que pueden generar un desarrollo real de la sociedad, de nuestra comunidad y de nuestro país. 

Hoy en día hay casi una completa coincidencia en dar una gran importancia a la educación en la formación de la ciudadanía.  Solamente en la medida en que haya más educación, más escolaridad, más capacitación, se podrá aspirar a tener mayor productividad, competitividad y calidad de vida.

Ser ciudadano se constituye en una tarea que no es fácil y de ahí que quizá, muchos estemos acostumbrados a esperar resultados bajo la “ley del mínimo esfuerzo” y nos represente un reto poco atractivo el asumir la responsabilidad de buscar convertirnos en ciudadanos de verdad, lo que implica principalmente, estar capacitados y decididos a intervenir como promotores de los cambios que la sociedad debe realizar para avanzar en su desarrollo.

La ciudadanía implica verse a uno mismo como persona autónoma y competente, con un conjunto de metas personales por realizar, y al mismo tiempo, como miembro de una comunidad política, preparado para involucrarse en los asuntos que competen a dicha comunidad.  Así nos encontramos con dos dimensiones de la ciudadanía:

  • Como estatus legal y político.  Esto exige ser considerado como ciudadano por una comunidad política particular o un Estado.  Este estatus lo adquirimos al alcanzar la mayoría de edad y viene acompañado por derechos y obligaciones.
  • Como capacidad de involucrarse y contribuir a la vida pública.  Esto es el compromiso personal adquirido ante situaciones de la vida pública.  Abarca actividades que van más allá de la participación electoral.  Esta capacidad implica reconocer a las personas como sujetos capaces de proponer, exponer puntos de vista y tener ingerencia en la realización de cambios en las diferentes esferas sociales y políticas.  Abarca toda nuestra actuación como personas y está vinculada con las relaciones que establecemos, el significado que le otorgamos a los acontecimientos que suceden  a nuestro alrededor y el papel que asumimos en el momento de tomar una decisión.


Entonces podemos llegar a definir un concepto integrador de ciudadanía como: una forma de convivencia, pertenencia y participación social de los ciudadanos, estructurada alrededor de los siguientes puntos:

  • ·         Un status legal que establece, garantiza y faculta a los ciudadanos para ejercer sus derechos y responsabilidades.

  • ·         Un grado de desarrollo humano y unas estructuras económicas, sociales y políticas que hacen posible el ejercicio de esos derechos y responsabilidades.

  • ·         Un sentido de pertenencia e identidad de los ciudadanos con esa sociedad, en base al conjunto de vínculos cívicos creados por la participación política, económica, social y cultural, así conmo por las responsabilidades compartidas.

  • ·         Una educación de los ciudadanos par el ejercicio de esos derechos y responsabilidades.



Ser un ciudadano activo en el siglo XXI no es simplemente haber nacido y compartir un territorio.  Entraña el compromiso de servir a nuestra patria con el ejercicio constante del derecho y el deber ciudadanos.  Únicamente con la educación y el claro convencimiento de que con la convivencia entre seres humanos, ateniéndose a los derechos y obligaciones señalados, será posible el desarrollo armónico de nuestra sociedad y la realización plena de su gente.

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lunes, 1 de julio de 2013

Tiempo Libre: ¡Tenemos derecho!

Con demasiada frecuencia, el reloj se ha convertido en un objeto de culto, que el hombre moderno, como si hubiera adoptado una nueva religión, no cesa de adorar con humildad y devoción.  Se vive con el reloj en la mano como si fuera un poderoso amuleto, que poseyera la virtud de determinar con seguridad y, a menudo también, con intransigencia el ritmo de nuestros trayectos vitales.  Es un dato incuestionable que en las últimas décadas se han temporalizado casi todos los aspectos de la existencia humana por mediación del fetiche “reloj”, de tal manera que la experiencia del tiempo humano, que es de inapreciable valor para la dignificación y promoción del individuo, casi ha quedado reducida a los “imperativos del despertador”.

El tiempo es una construcción social, que se constituye por mediación de la interacción social de los individuos y grupos que se hallan integrados en una determinada sociedad.  De esta manera el tiempo se convierte en un medio esencial para la coordinación y sincronización de la vida en común.  En las sociedades modernas, a causa del incesante aumento de la complejidad que experimentan, ya no es posible referirse a un solo tiempo, sino que  los tiempos que debe tener en cuenta el ser humano en la vida cotidiana son múltiples, de tal manera que el tiempo humano actual viene a ser una síntesis de distintas modalidades temporales.  Sin embargo, resulta bastante evidente que la cualidad que acostumbra a primarse en los distintos tiempos de la sociedad actual es “lo económico”, que con frecuencia es el factor que otorga su especial fisonomía al tiempo de nuestros días.


Se ha dicho que nuestra sociedad se caracteriza por ser una “no-stop-society”, una sociedad que vive sin pausa y sin reflexión ni contemplación, sin disfrute de la naturaleza, tertulia, silencio, pacificación interior, etc.,  porque los “ritos economicistas” impuestos por el reloj se han adueñado de la mayoría de las vivencias humanas.  Hace algunos años, Jean Gebser  afirmaba que el significado de la frase “no tengo tiempo” equivalía a “no tengo alma”, y el sentido de esta frase era idéntico a “no tengo vida”.

La manipulación de nuestro tiempo


Noam Chomsky, lingüista, filósofo y activista estadounidense, desarrolla sus “10 estrategias de manipulación mediáticas”, una compilación con las diez estrategias más comunes y efectivas que siguen las agendas “ocultas”, regularmente de origen económico,  para manipular al público a través de los medios de comunicación. Históricamente los medios masivos han probado ser altamente eficientes para moldear la opinión general. Gracias a la parafernalia mediática y a la propaganda se han creado o destrozado movimientos sociales, justificando guerras, matizando crisis financieras, incentivado unas corrientes ideológicas sobre otras e incluso se da el fenómeno de los medios como productores de realidad dentro de la psique colectiva.  Una de estas estrategias es precisamente la de la  distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. ”Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.


La importancia de recuperar nuestro tiempo

Sólo quien vive, introduciéndose paulatinamente, en el tiempo auténtico está capacitado para introducir a los demás en el disfrute del tiempo.  Evidentemente, no se trata de aquella “diversión” que sólo pretende la anulación del tiempo por mediación del olvido, el ruido, la distracción, la inconsciencia, sino que se trata del tiempo del descubrimiento de uno mismo en simpatía con los otros; descubrimiento que tiene como consecuencia la humanización del propio tiempo, y que es la condición imprescindible para que el hombre o la mujer lleguen a ser personas.  El tiempo humano se ha “mecanizado” e, incluso, pervertido porque los lenguajes humanos han sufrido la misma suerte.  Un aprendizaje humano y humanizador de aquellos lenguajes que permiten la expresión exhaustiva del ser humano, es el único medio efectivo para salvar el tiempo de la descomposición que lo amenaza a través de la “dictadura del reloj”.


Se hace de vital importancia el redimir el tiempo y gozar de “tiempo libre”, cuyo contenido esencial está determinado por nuestros momentos de ocio, entendido como “un conjunto de ocupaciones a las que el individuo puede entregarse de manera completamente voluntaria tras haberse liberado de sus obligaciones profesionales, familiares y sociales, para descansar, para divertirse, para desarrollar su información y formación desinteresada, o para participar voluntariamente en la vida social de su comunidad”. (Dumazedier. 1971).  El mismo autor Joffre Dumazedier, condensa la definición en lo que ha venido a llamar LAS TRES ”D” del ocio: Descanso, Diversión y Desarrollo Personal. 

Los lenguajes a dominar

Los ciudadanos de la  sociedad del siglo XXI requieren de algo más complejo que los meros “saberes” o conocimientos: requieren competencias.  Una competencia es “saber hacer”, hace referencia a un conjunto de propiedades de cada uno de nosotros que se están modificando permanentemente y que tiene que someterse a la prueba de la resolución de problemas concretos y para nuestro caso, para la identificación, interpretación, comprensión y construcción de nuestra realidad .  Todo ciudadano debe ocupar su ocio desde la dimensión del desarrollo personal  para aprehender, desarrollar, fluir y transmitir estos lenguajes modernos de la ciudadanía:

(1) Altas competencias en lectura y escritura; 
(2) Altas competencias en cálculo matemático y resolución de problemas;
(3) Altas competencias en expresión escrita; 
(4) Capacidad para analizar el entorno social y comportarse éticamente; 
(5) Capacidad para planear, trabajar y decidir en grupo; 
(6) Capacidad para la recepción crítica de los medios de comunicación social; y,
(7) Capacidad para ubicar, acceder y usar mejor la información acumulada.

Cada ciudadano es responsable de redimir su tiempo, de aprovechar su ocio para liberarse de la manipulación de grupos de interés que nos quieren mantener en la ignorancia y la inacción.

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Las Tres Dimensiones de la Ciudadanía

Urge un Cambio en la Educación: Entrevista a: Claudio Naranjo 





domingo, 30 de junio de 2013

Urge un cambio en la Educación: Entrevista a Claudio Naranjo, psiquiatra chileno

Cuando uno escucha a este psiquiatra chileno de 75 años da la sensación de estar frente al Jean-Jacques Rousseau de nuestro tiempo.
Cuenta que estaba bastante dormido hasta que en los años 60 se fue a vivir a EE.UU., allí fue discípulo de Fritz Perls, uno de los grandes terapeutas del siglo XX y formó parte del equipo del Instituto Esalen en California. Allí tuvo grandes experiencias en el mundo terapéutico y en el mundo espiritual. Contactó con el sufismo y se convirtió en uno de los introductores de Eneagrama en occidente. También bebió del budismo tibetano y el zen.
Claudio Naranjo
Claudio Naranjo ha dedicado su vida a la investigación y a la docencia en Universidades como Hardvard y Berkeley. Ha fundado el programa SAT, una integración de la terapia Gestalt, el Eneagrama y la Meditación para enriquecer la formación de profesores. En este momento está lanzando un aviso muy contundente: o cambiamos la educación o este mundo se va a pique.
-Dices que para cambiar el mundo hay que cambiar la educación ¿cuál es la problemática de la educación y cuál es tu propuesta?
-La problemática en la educación no es de ninguna manera la que a los educadores les parece que es. Creen que los estudiantes ya no quieren lo que se les ofrece. A la gente se le quiere forzar a una educación irrelevante y se defiende con trastornos de la atención, con desmotivación. Yo pienso que la educación no está al servicio de la evolución humana sino de la producción o más bien de la socialización. Esta educación sirve para domesticar a la gente de generación en generación para que sigan siendo unos corderitos manipulables por los medios de comunicación. Esto es socialmente un gran daño. Se quiere usar la educación como una manera de meter en la cabeza de la gente una manera de ver las cosas que le conviene al sistema, a la burocracia. Nuestra mayor necesidad es la de una educación para evolucionar, para que la gente sea lo que podría ser.
La crisis de la educación no es una crisis más entre las muchas crisis que tenemos, sino que la educación está en el centro del problema. El mundo está en una crisis profunda porque no tenemos una educación para la conciencia. Tenemos una educación que en cierto modo le está robando a la gente su conciencia, su tiempo y su vida.
El modelo de desarrollo económico de hoy ha eclipsado el desarrollo de la persona.
-¿Cómo sería una educación para que seamos seres completos?
-La educación enseña a la gente a pasar exámenes, no a pensar por si misma. En un examen no se mide la comprensión, se mide la capacidad de repetir. ¡Es ridículo, se pierde una cantidad tan grande de energía! En lugar de una educación para la información, se necesitaría una educación que se ocupe del aspecto emocional y una educación de la mente profunda. A mi me parece que estamos presos entre una alternativa idiota, que es la educación laica y una educación autoritaria que es la educación religiosa tradicional. Está bien separar Estado e Iglesia pero, por ejemplo en España, han echado por la borda el espíritu como si religión y espíritu fueran la misma cosa. Necesitamos que la educación atienda también a la mente profunda.
-¿Cuándo hablas de espiritualidad y de mente profunda a qué te refieres exactamente?
-Tiene que ver con la conciencia misma. Tiene que ver con aquella parte de la mente de la que depende el sentido de la vida. Se está educando a la gente sin ese sentido. Tampoco es la educación de valores porque la educación de valores es demasiado retórica e intelectual. Los valores deberían ser cultivados a través de un proceso de transformación de la persona y esta transformación está muy lejos de la educación actual.
La educación también tiene que incluir un aspecto terapéutico. Desarrollarse como persona no se puede separar del crecimiento emocional. Los jóvenes están muy dañados afectiva y emocionalmente por el hecho de que el mercado laboral se traga a los padres y ya no tienen disponibilidad para los hijos. Hay mucha carencia amorosa y muchos desequilibrios en los niños. No puede aprender intelectualmente una persona que está dañada emocionalmente.
Lo terapéutico tiene mucho que ver con devolverle a la persona la libertad, la espontaneidad y la capacidad de conocer sus propios deseos. El mundo civilizado es un mundo domesticado y la enseñanza y la crianza son instrumentos de esa domesticación. Tenemos una civilización enferma, los artistas se dieron cuenta hace mucho tiempo y ahora cada vez más los pensadores.
-A la educación parece solo interesarle desarrollar la parte racional de la gente ¿Qué otras cosas podrían desarrollarse?
-Yo pongo énfasis en que somos seres con tres cerebros: tenemos cabeza (cerebro intelectual), corazón (cerebro emocional) y tripas (cerebro visceral o instintivo). La civilización está íntimamente ligada por la toma de poder por el cerebro racional. Con el momento en que los hombres predominaron en el dominio político, unos 6000 años atrás, se instaura esto que llamamos civilización. Y no es solamente el dominio masculino ni el dominio de la razón sino también de la razón instrumental y práctica, que se asocia con la tecnología; es este predominio de la razón instrumental sobre el afecto y sobre la sabiduría instintiva lo que nos tiene tan empobrecidos. La plenitud la puede vivir sólo una persona que tiene sus tres cerebros en orden y coordinados. Desde mi punto de vista necesitamos una educación para seres tri-cerebrados. Una educación que se podría llamar holística o integral. Si vamos a educar a toda la persona, hemos de tener en cuenta que la persona no es solo razón.
Al sistema le conviene que uno no esté tanto en contacto consigo mismo ni que piense por sí mismo. Por mucho que se levante la bandera de la democracia, se le tiene mucho miedo a que la gente tenga voz y tenga conciencia.
La clase política no está dispuesta a apostar por la educación.
-La educación nos sumerge en un mar de conceptos que nos separan de la realidad y nos aprisiona en nuestra propia mente ¿Cómo se puede salir de esa prisión?

-Es una gran pregunta y es una pregunta necesaria en el mundo educacional. La idea de que lo conceptual sea una prisión requiere una cierta experiencia de que la vida es más que eso. Para uno que ya tiene el interés en salir de la prisión de lo intelectual, es muy importante la disciplina de detener la mente, la disciplina del silencio, como se practica en todas las tradiciones espirituales: cristianismo, budismo, yoga, chamanismo… Parar los diálogos internos en todas las tradiciones de desarrollo humano ha sido visto como algo muy importante. La persona necesita alimentarse de otra cosa que conceptos. La educación quiere encerrar a la persona en un lugar donde se la somete a una educación conceptual forzada, como si no hubiera otra cosa en la vida. Es muy importante, por ejemplo, la belleza. La capacidad de reverencia, de asombro, de veneración, de devoción. No tiene que ver necesariamente con una religión o con un sistema de creencias. Es una parte importante de la vida interior que se está perdiendo de la misma manera en que se están perdiendo los espacios bellos de la superficie de la Tierra, a medida que se construye y se urbaniza.
-Precisamente quería preguntarte tu opinión sobre la crisis ecológica que vivimos.
-Es una crisis muy evidente, es la amenaza más tangible de todas. Se puede prever fácilmente que con el calentamiento de la Tierra, con el envenenamiento de los océanos y otros desastres que están pasando, no vamos a poder sobrevivir tantas personas como las que somos ahora.
Estamos viviendo gracias al petróleo y consumimos más recursos de los que la tierra produce. Es una cuenta atrás. Cuando se nos acabe el combustible será un desastre para el mundo tecnológico que tenemos.
La gente a la que llamamos más primitiva como los indígenas tienen una forma de tratar a la naturaleza que no viene del sentido utilitario. En la ecología como en la economía y otras cosas, hemos querido prescindir de la conciencia y funcionar sólo con argumentos racionales y eso nos está llevando al desastre. La crisis ecológica sólo puede pararse con un cambio de corazón, verdadera transformación, que sólo la puede dar un proceso educativo. Por eso no tengo mucha fe ni en las terapias ni en las religiones. Solo una educación holística podría prevenir el deterioro de la mente y del planeta.
-¿Podríamos decir que has encontrado un equilibrio en tu vida a esas alturas?
-Yo diría que cada vez más, aunque no he terminado el viaje. Soy una persona que tiene mucha satisfacción, la satisfacción de estar ayudando al mundo en el que estoy. Vivo feliz, si se puede ser feliz en esa situación trágica en la que estamos todos.
-Desde tu experiencia, tu trayectoria y tu madurez, ¿cómo procesas el hecho de la muerte?
-En todas las tradiciones espirituales se aconseja vivir con la muerte al lado. Hay que hacerse a esa evidencia de que somos mortales y creo que el que toma la muerte en serio no será tan vano. No tienes tanto miedo a cosas pequeñas cuando hay una cosa grande de la cual preocuparte más. Yo creo que la muerte sólo puede superarla uno que en cierto modo muere antes de morir. Uno tiene que morir a la parte mortal, a la parte intrascendente. Los que tienen suficiente tiempo y vocación y que llegan suficientemente lejos en este viaje interior se encuentran tarde o temprano con su verdadero ser. Y ese ser interior o ese ser lo que uno es, es algo que no tiene tiempo y que le da a una persona una cierta paz o un sentido de invulnerabilidad. Estamos muy absortos en nuestra vida cotidiana, en nuestros pensamientos de alegría, tristeza, etc… No estamos en nosotros, no estamos atentos a quien somos. Para eso necesitamos estar muy en sintonía a nuestra experiencia del momento. Esta es la condición humana, estamos viviendo hacia el pasado y el futuro, el aspecto horizontal de nuestra vida. Pero poco atentos a la dimensión vertical de nuestra vida, el aspecto más alto y más profundo, eso es el espíritu y es nuestro ser y la llave para acceder es el aquí y ahora.
A veces vamos en busca del ser y a veces nos confundimos en la búsqueda de otras cosas menos importantes como la gloria
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Entrevista realizada por:  Alberto D. Fraile Oliver

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