jueves, 5 de septiembre de 2013

¿Por qué hemos de apoyar la democracia?




Hasta el siglo XX la mayor parte del mundo proclamaba la superioridad de los sistemas no democráticos, tanto en la teoría como en la práctica.  Hasta muy recientemente, una mayoría preponderante de seres humanos han estado sometidos a gobernantes no democráticos.  Y los líderes de los regímenes no democráticos generalmente han tratado de justificar su dominación invocando la antigua y persistente pretensión de que la mayoría de las personas simplemente no son competentes para  participar en el gobierno del Estado.  La mayoría de personas saldría ganando, según este argumento, si se limitaran a confiar la complicada tarea del gobierno por aquéllos que son más sabios que ellos.  En la práctica, estas racionalizaciones nunca resultaron ser del todo eficaces, así que, cuando no bastaron los argumentos, se recurrió a la coerción.  La mayoría de la gente nunca consintió en ser gobernada por quienes se pretendían sus superiores; fue forzada a serlo.  Esta concepción y práctica más angitua de ninguna manera ha desaparecido, ni siquiera en nuestros días.  ¿Por qué deberíamos creer que la democracia es una mejor forma de gobierno del Estado que cualquier alternativa no democrática?  Aquí están algunas razones:

La democracia ayuda a evitar el gobierno de autócratas crueles y depravados

El problema quizá más persistente y fundamental de la política es el de evitar el gobierno autocrático.  Durante  toda la historia conocida, incluyendo nuestra propia época, los líderes guiados por magalomanía, paranoia, interés propio, ideología, nacionalismo, creencias religiosas, convicciones de superioridad innata, o puro impulso y sentimiento, han explotado las excepcionales capacidades del Estado para la coerción y la violencia con el objetivo de ponerlas al servicio de sus propios fines.  

La democracia garantiza a sus ciudadanos una cantidad de derechos fundamentales que los gobiernos no democráticos no garantizan ni pueden garantizar

La democracia no es únicamente un procedimiento de gobierno. Dado que los derechos son elementos necesarios de las instituciones políticas democráticas, la democracia es también intrínsicamente un sistema de derechos.  Los derechos se encuentran entre los pilares esenciales de un proceso de gobierno democrático.  Por definición, ningún sistema no democrático otorga a sus ciudadanos (o súbditos) este amplio elenco de derechos políticos.  Si algún sistema político lo hiciera, ¡se convertiría, por definición, en un sistema democrático!

La democracia asegura a sus ciudadanos un mayor ámbito de libertad personal que cualquier alternativa factible a la misma

Además de todos los derechos, libertades y oportunidades que son estrictamente necesarios para que un gobierno sea democrático, los ciudadanos de una democracia tienen la seguridad de gozar de una colección de libertades aún más extensa.

La democracia ayuda a las personas a proteger sus propios intereses fundamentales

Todos, o casi todos, deseamos ciertos bienes:  sobrevivir, estar protegidos, alimentos, salud, amor, respeto, seguridad, familia, amigos, trabajo satisfactorio, ocio, y otros.  La mayoría de personas desean ejercitar algún control sobre los factores que condicionan, parcial o completamente, la satisfacción de sus deseos -alguna libertad de elección, una oportunidad de conformar su vida de acuerdo a sus propios fines, preferencias, gustos, valores, compromisos, creencias-.  La democracia protege esta libertad y oportunidad mejor que ningún otro sistema político.

Sólo un gobierno democrático puede fomentar un grado relativamente alto de igualdad política

Una de las razones más importantes para preferir un gobierno democrático es que puede conseguir la igualdad política entre ciudadanos en una medida muy superior que cualquier alternativa factible.

Sería un grave error esperar demasiado de cualquier gobierno, incluso de un gobierno democrático.  La democracia no puede garantizar que sus ciudadanos serán felices, prósperos, saludables, sabios, pacíficos o justos.  Alcanzar estos fines está más allá de la capacidad de cualquier gobierno, incluido un gobierno democrático.  Es más, en la práctica, la democracia nunca ha llegado a alcanzar sus ideales.  Al igual que en el pasado, las democracias modernas sufren también de muchos defectos.  A pesar de sus imperfecciones, sin embargo, nunca podemos perder de vista los beneficios que hacen a la democracia más deseable que cualquier alternativa.

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